EL ORIGEN DE LA RADICALIZACIÓN EN EL TERRORISMO

“Lo que acabas de ver es sólo el comienzo de una cadena de ataques que continuarán y se intensificarán hasta que retiréis vuestras fuerzas de Afganistán y de Irak y hasta que ceséis en vuestro apoyo financiero y militar a América e Israel”

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¿Cómo un individuo pasa de tener unas creencias determinadas a llevarlas a su extremo, llegando a justificar el uso de la violencia, incluso la muerte de otros individuos, para dar cumplimiento a sus fines? Ser un radical no es lo mismo que ser un terrorista. Se pueden tener ideas radicales y fanáticas sin llegar a perpetrar actos de violencia. El colofón de la radicalización es el uso de la violencia para perpetrar desórdenes o directamente atentados. Para el estudio del fenómeno de la radicalización, hay que partir de la constatación, por lo demás bien documentada en la bibliografía, de que existen parámetros comunes de radicalización en todo el espectro de ideologías.

La radicalización es un fenómeno que se fundamenta en una ideología determinada. No puede haber procesos de radicalización sin una ideología que los sustente. En el caso de movimientos religiosos fanatizados, se parte de la asunción de que es una ideologización o variante de la religión la que da lugar al fanatismo, sino se debe asumir que hay religiones per se violentas, lo que es a todas luces cuestionable, aunque muchas religiones contengan entre sus creencias elementos conducentes a la violencia o que la justifican directamente (“Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Dios no ama a los agresores” Corán 2 186). En el caso del salafismo, reforzando la tesis inicial, distintos autores, entre ellos Assaf Moghadam, reiteran en su carácter de ideología.[1] Ideologías susceptibles de derivar en planteamientos violentos y contextos de alta inestabilidad social y violencia son el caldo de cultivo idóneo para la emergencia del fanatismo.

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Uno de los principales motivos para la radicalización es la percepción de agravio, real o figurado, contra uno mismo o contra la comunidad a la que se pertenece. Radicales de extrema izquierda están imbuidos por la creencia en la injusticia de las disparidades económicas que genera el capitalismo y en el salafismo en el daño que Occidente (los cruzados, sionistas y los regímenes apóstatas apoyados por Occidente) ha causado a la umma. Esta percepción de agravio es fundamental porque más allá de afectar las emociones y la susceptibilidad del radical, justifica la acción para reestablecer un orden justo, si no la venganza y la violencia. Y de ahí a justificar el terror para implantarlo hay sólo un paso, siendo el terrorismo una simple táctica dentro de una estrategia más amplia. Los motivos para la radicalización son, por tanto, variados: discriminación, alienación, victimización, exclusión, marginación, falta de integración social, identificación con agravios de gentes o pueblos lejanos, referentes cercanos o lejanos de personas con liderazgo por las que se suscita admiración, búsqueda de autoridad y reconocimiento… La importancia de los líderes es fundamental. Los referentes ideológicos son imprescindibles para los procesos de radicalización. Personas que son consideradas justas y honradas que lo dieron todo por la causa se erigen como modelo a seguir o personas a venerar, a las cuales, en todo caso, hay que obedecer y mimetizar (el veterano que vuelve de Afganistán, por ejemplo).

La radicalización es un proceso por etapas, en el cual el individuo sufre una transición hasta llegar al estadio final que constituye el ser reclutado en una organización y finalmente estar ya preparado para acometer actos terroristas. Este proceso puede ser abortado en cualquier momento. El inicio de la radicalización coincide con la afinidad ideológica a una causa determinada. El sujeto en cuestión debe ser ante todo vulnerable. Los principales motivos psicológicos que se explotan son la frustración, el odio y el sentimiento de venganza, en personas susceptibles, que suelen ser mayormente jóvenes. No es de extrañar que haya una sobrerrepresentación de varones jóvenes entre los detenidos en España por pertenencia a organización terrorista. Esta etapa de la vida es aquella en la cual más bullen las emociones y en la que las personas somos más susceptibles a dejarnos llevar por ideas radicales y más fácilmente manipulables, cuando la personalidad no está todavía formada del todo.

Los entornos de socialización son la clave de la radicalización. Son las relaciones interpersonales y hoy en día la red social las que facilitan los primeros contactos y el establecimiento de relaciones con personas afines más vinculadas con organizaciones o grupos. Las redes pueden estar basadas en afiliaciones de parentesco o de amistad. Una de las características de la radicalización es el sentimiento de pertenencia a una organización determinada, a una ideología común, a una comunidad de destino. Este sentido de pertenencia da lugar a dinámicas de grupo que pueden tanto abortar como reforzar todavía más la implicación del individuo: “las organizaciones terroristas y otros grupos afines pueden definirse como entidades avariciosas”[2]

Para la captación y el reclutamiento en organizaciones terroristas, siguiente paso de la radicalización, los líderes, espirituales u organizacionales, introducen mecánicas de desindividuación para dominar la personalidad de sus adeptos, sometiéndoles a un estricto control de movimientos, ideológico, social, etc. Se trata de grupos cerrados, necesario tanto por el secretismo de las operaciones como por la necesidad de alejar del grupo aquellos individuos que pudieran poner en tela de juicio las creencias mantenidas por el grupo. Se exige lealtad absoluta y no cuestionar ni métodos, ni ideologías. Todo ello condimentado con buenas dosis de propaganda para atraer a nuevos individuos, reforzar a los ya captados y desafiar al enemigo.

¿Pero quiénes son los radicales o, más allá, los terroristas?  Se suele creer con demasiada facilidad que el perfil al que responden los terroristas son hombres varones adultos de nivel socioeconómico bajo y con bajo nivel cultural, pero lo cierto es que el perfil socioeconómico al que responden los terroristas es muy amplio y no se puede generalizar. Sí es cierto que las carencias sociales y económicas en contextos de marginación social favorecen tanto la criminalidad como la captación en organizaciones de distinto tipo. Asimismo, también favorecen la radicalización contextos con tradición de violencia social y política, donde ésta está enraizada de modo permanente en la vida social (Palestina, Chechenia y tantos otros lugares). Dentro del terrorismo, hay una amplia variedad de perfiles. Sin embargo, en España, la mayor parte de detenidos en relación con violencia yihadista se trata de jóvenes varones procedentes del norte de África, aunque también de Siria y Pakistán, ligados a redes de inmigración y que en muchos casos presentan ya problemas por vinculación con delincuencia común.


[1] Moghadam A., TheSalafi-Jihad as a Religious Ideology, 2008 http://www.ctc.usma.edu/posts/the-salafi-jihad-as-a-religious-ideology

[2] La inteligencia, factor clave frente al terrorismo internacional, Cuadernos de estrategia, 141

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